Prisionero de mi mismo

Con respecto al reciente PREMIO DE EXCELENCIA en el 18th World Press Freedom International Editorial Cartoon Competition, en Ottawa Canadá, Angel Boligan, yo te felicito y expreso mi gran respeto y admiración a ti y tu trabajo.

Aprovechando uno de los últimos cartones de Ángel, tomé como tema el cambio que se está dando en México…

Cuantas personas no se sienten así ahora mismo, con la indecisión de generar un cambio que al mismo tiempo puede ser el “se acabó la robadera” para muchos, no sólo los políticos, misma robadera (hormiga o a gran escala), con la que habían “ajustado” el día a día y que no por AMLO sino porque la gente ya esta hundida en el hartazgo y desesperación.

Pero también existen personas que se han dedicado a robar de todo en los hospitales, y oficinas en México, ya sean del gobierno o empresas particulares… ¡hasta las plumas y servilletas se roban!

Es por eso que muchas personas sienten esa zozobra, tanto por el miedo que nos infunden en la tele y la radio, como por el miedo al autojuicio personal que cada quien tendrá que asumir y llevar a cabo si es que queremos un cambio real en México, y si éste lo hacemos la mayoría, al resto de personas no les quedará de otra más qué seguir la voluntad mayoritaria, como lo hacen ahora para las cosas que están mal en el día a día pero como no pasa nada las seguimos haciendo y eventualmente el paradigma se instala como algo normal, como algo bueno…

Ojo, no estoy diciendo cambio en el gobierno de México nada más, hay que saber diferenciar entre lo tangible y lo consecuente de la corrupción, pues si no lo sabemos distinguir es muy posible que no podamos actuar en un cambio a favor de toda la población.

Es el doble filo de un arma poderosa, la corrupción nos duele en lo profundo del alma, pero también, a veces nos ayuda a salir de apuros y nos “ahorra” tiempo. ¿a costa de qué, o de quienes?

Solo me queda pensar que a costa de uno mismo, de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos.

Estamos prisioneros de nosotros mismos en una jaula qué nos mantiene al mismo tiempo agachados, pero que si nos fijamos bien, solamente hay que tener la valentía de ostentar la frente en alto sabiendo que nuestro historial de corrupción es nulo, y si no fuera así, por lo menos de que estamos empezando a cortar la colaboración larga qué nos pueden pisar en cualquier momento si desde hoy no conseguimos eliminar malas prácticas en nuestro quehacer diario.

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